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Los mayores beneficios que he obtenido de salir de la zona de confort

Cómo salir de la zona de confort

Hola opopiña.

En el post de hoy quiero hablaros, como dice el propio título, de mi mayor acierto: mi salida de la zona de confort. Todos tenemos una zona de confort, en la que creemos que estamos cómodos.

Incluso puedo decirte que, cuando tuve una depresión bastante gorda, yo estuve cómoda. Y preferí estar en esa zona de confort de la enfermedad, que curarme y enfrentarme a la vida.

Durante muchos años, casi toda mi vida, corrí riesgo cero en la mayoría de las áreas de la vida. Pero siempre he sido curiosa.

Me he cuestionado cientos de veces el sentido de la vida. Nunca tuve claro cuales eran mis sueños o mi misión en este mundo. Estoy convencida que todos tenemos una misión. Grande o pequeña. Da igual. Es nuestra misión.

Cuestionarme estas cosas me quemaba. Dejar pasar el tiempo y mi vida con él, no era lo que deseaba. Pero mi rutina me engullía. Mi miedo a los cambios no ayudaba a dar el paso. Y es que, como ya sabéis, el miedo paraliza.

Y ¿qué ocurría? Pues que era feliz a medias. Y.. ¿a quién le gusta quedarse a medias? ¡A nadie!

Ver pasar los días, uno tras otro, sin hacer nada más que lo que la rutina dicta o lo que los demás esperan, es agotador.

Mi día a día se basaba en mi hogar, mis hijos, mis estudios.. ¡Pero eso ha cambiado!

Opopiña opobox

¿Cómo salir de la zona de confort?

Para empezar os contaré, que hace doce años dí un paso enorme. A pesar de mis miedos, viajé de Madrid a Barcelona para comenzar mi vida junto al que hoy es mi marido.

Me fui sin trabajo, sin prestación por desempleo y con muy poco dinero ahorrado.

¡Me tiré a la piscina de cabeza! Dejé a mi familia para convivir con un hombre, del que estoy muy enamorada, pero del que en aquel momento conocía muy poco.

¡Acerté! Vaya si acerté… Es el hombre de mi vida, y el creador de mis dos grandes sueños: Mateo e Isabel.

Viví en Cataluña durante siete años. Volví a acomodarme. Con mi trabajo en una tienda de lencería y mi marido, tenía suficiente para “vivir”.

Pero después de un tiempo acomodada, empecé, de nuevo, a darle vueltas a las cosas. A lo que quiero hacer con mi vida.

Y así, reflexionando mucho, me di cuenta de que me aburría. Pensé que la vida es mucho más. Y que es muy corta para tirarla a la basura en la comodidad. Y ahí fue cuando comenzó mi proceso de crecimiento.

Primer paso para salir de la zona de confort

El primer paso, y más importante, fue darme cuenta de que necesitaba algo más que mi marido y mis hijos para vivir una vida plena. Que lo que tenía me contentaba, pero me faltaba algo.

Que conste que adoro a mi familia y que haría cualquier cosa por ellos. Pero, como dije antes, soy una mujer inquieta, sobre todo mentalmente.

Es un paso tan básico que parece muy obvio y lógico, ¿verdad? Pero no lo es tanto. Muchas veces nos dejamos arrastrar por la rutina, por tareas que asumimos casi sin darnos cuenta.

Cuando mi mente hizo “clic” empecé a salir de mi comodidad. Leí en un libro de Rafael Santandreu que para ser feliz, de verdad, tenemos que sentir cierta incomodidad de vez en cuando.

Evitar la zona de confort

¿Qué hice para salir de mi incómoda zona de confort?

La respuesta a esta pregunta es: emprender. Soy muy miedosa. Siempre he buscado la seguridad. Económicamente también. Por eso siempre trabajé por cuenta ajena y por eso estudio una oposición. ¿Hay algo más seguro que ser funcionario?

Pero hizo acto de aparición en mi vida Opobox. Ya sabéis que surgió de mi adicción a la papelería. Y me está haciendo muy feliz.

En realidad lo que me hace feliz es sentirme realizada al vencer mis miedos. Miedo a fracasar, miedo a que no os guste, miedo a hacer algo mal.

Pero destrozar estos miedos me da una satisfacción tremenda. Así que por el momento mi zona de confort tendrá que esperar.

Prefiero vivir esos nervios de no saber con claridad que pasará o que no pasará. Prefiero aprender un montón de cosas nuevas aprendiendo, que quedarme igual siempre.

No sé que paso puedes dar tu para salir de donde estás. Pero si tienes dudas, si te planteas tu felicidad, si te aburre tu rutina… te digo que no tienes que acoplarte a ella. Tú y sólo tú mandas en tu vida. Da el paso. Y busca tu plenitud.

¡Qué no pasemos por este mundo de puntillas!

Para dejar un legado, hay que hacer cosas difíciles, o que nos parecen difíciles, saliendo de la zona y explorando lo que tenemos alrededor. No siempre está tan lejos como crees.

¡Mucho ánimo! Ya sabéis donde encontrarme si queréis que os apoye.

Gracias por leerme siempre!



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